La nube mágica echa a volar

Los retos del Cloud Computing para una Sociedad de la Información en ciernes

¿Te acuerdas de Son Goku? Ese pionero personaje creado por Akira Toriyama tenía muchos poderes cuya manifestación convertía en una delicia la tarde televisiva de miles de niños en los ya lejanos años 90. En aquella época en la que Internet era aún territorio de batas blancas y early-adopters, Son Goku era infinita y catódicamente libre gracias a uno de sus poderes más especiales: el que invocaba con la llamada a la ¿Nube Mágica? (o ¿Núvol Kintom? para los catalanoparlantes). Con ella, él podía volar rápidamente al destino que quisiese. Algo de la estela amarilla y fija que dejaba esa nube se filtró entonces en la Red. Permaneció agazapada en sus entrañas hasta que hace un par de años comenzó a asomar cabeza y hoy no hay quien dude ya de que el Cloud Computing (o computación en nube) es el futuro -inmediato y algo mágico también- de Internet.

Yendo ya al grano y en muy pocas palabras: el ¿cloud computing? es un paradigma que permite ofrecer servicios de computación a través de Internet: la nube es una metáfora de Internet. Pero no basta con eso. Veamos un ejemplo: cuando te pones a hacer una factura con un programa de escritorio tipo Excell no estás volando sobre la nube mágica. Cuando lo haces con Spreadsheet de Google Docs, por ejemplo, sí. De la primera manera esa factura reside en tu disco duro y sólo ahí hasta que la mandes por mail o la imprimas. De la segunda, reside en la ¿nube? y tu cliente puede verla al mismo tiempo que tu la confeccionas y añadir o corregir cualquier cosa en tiempo real. Y puede verla desde un PC o desde cualquier otro dispositivo con acceso a la Red. De esta manera precisamos en la definición: con este tipo de computación todo lo que puede ofrecer un sistema informático se ofrece como servicio, de modo que los usuarios puedan acceder a los servicios disponibles "en la nube de Internet" sin conocimientos (o, al menos sin ser expertos) en la gestión de los recursos que usan.

Del disco duro al cielo y el mar

El citado de Google Docs (y por extensión todas las Google Apps) es un buen ejemplo de computación en nube, pero hay más. En LinkedIn en lugar de tu CV en word o en lugar de tu libreta de contactos profesionales; el Azure de Microsoft; Flickr o Picassa en lugar de tu carpeta de imágenes en tu PC; guardar tus páginas favoritas en Del.icio.us en lugar de en los favoritos de tu navegador; tus archivos en Rapidshare en lugar de tu disco duro o directamente usar un sistema operativo instalado totalmente en la nube, como el español Eye OS. Últimamente, el súmmum del cloud computing es un servicio -aún en fase beta y cuyo acceso sólo es posible a través de una cotizadísima invitación- del gigante: Google Wave.

Nubes y ahora también olas. Cielo y mar, y tierra para poner los pies en ella. Eso podría ser una definición poética de Google Wave. Pero dicho de forma más prosaica (pero no menos impactante), Google Wave es mitad conversación y mitad documento. Todo compartido y en tiempo real. Como dice la experta TIC Lorena Fernández en su blog, "si en el correo electrónico la unidad mínima y central entorno a la que gira la actividad es un mensaje, aquí todo lo hace entorno a los waves". Un ¿wave? es un flujo de información compartida entre dos o más personas en tiempo real o en diferido. Un lienzo en blanco en el que se pueden editar documentos colaborativamente, arrastrar una carpeta de fotos desde el ordenador al navegador para subirlas a Internet, un mapa sobre el que grabar una ruta personalizada, un formulario o encuesta, e incluso un lugar donde poder jugar una partida de ajedrez. Todas las modificaciones que se hacen quedan registradas para poder volver hacia atrás y reproducir esos cambios como si fuese un vídeo (playback). "Es una característica idónea para ver qué se ha hecho en nuestro tiempo de desconexión o para que un usuario que se incorpore más tarde al wave, se ponga al día. La información creada se podrá transformar luego en un archivo PDF, ser publicada en un blog, exportarla a texto plano, embeberla en otro sitio Web". "Pasamos, por tanto, de muchos mensajes (el originario y las respuestas) a uno único que se modificará y enriquecerá con el tiempo". Y para disfrutar de todo esto sólo hará falta un navegador Web y conexión a Internet, nada más.

Sin accidentes ¿aéreos?

De esta manera, con servicios de cloud computing como este, los ordenadores personales pasan a ser "terminales tontos" y la computación "está en la nube". "Esto abre un debate sobre la conveniencia de dejar todos nuestros datos en lugares que no controlamos y bajo las reglas de terceros", explica Fernández en su blog. La seguridad de estos datos es algo que preocupa y que ya ha llamado la atención de organizaciones públicas como el INTECO, cuyos expertos ya se han hecho una serie de preguntas: ¿Es seguro el servidor donde almacenamos los datos? ¿La empresa que prové de dicho servicio cumple extrictamente con toda la normativa sobre protección de datos? ¿Sólo yo tengo acceso a la información que se coloca en la nube? ¿Cómo puedo estar seguro de ello? En general, ¿se cumplen los estándares de protección de datos?

Al fin y al cabo, en la nube mágica de nuestro querido dibujo japonés sólo se podían subir (sin atravesarla y caerse) las personas puras de corazón. Por desgracia, aún no está claro quién se puede subir al cloud computing y, lo que es peor, quién puede acabar cayéndose y rompiéndose algo. Por eso, esta nueva tecnología ya se está planteado como un importante campo de investigación dentro del área de la seguridad en un futuro cercano, como así lo afirma Ronald Rivest, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), añadiendo que es "optimista acerca del futuro de esta tecnología, pero que conllevará un esfuerzo importante el hacerla segura". Los compañeros del INTECO, por el momento, ya apuntan una serie de precauciones: la computación en nube debe configurarse dentro un marco de seguridad, estableciendo los principios y medidas técnicas que deben regir dicha tecnología, y teniendo presente que, bajo el objetivo de ofrecer al usuario nuevos servicios y con un coste económico menor, se deben garantizar los principios básicos de la Seguridad de la Información en cualquier empresa: Disponibilidad, Confidencialidad e Integridad.

Frente de Liberación de Datos

Pese a la siempre inquitante sombra de los problemas de seguridad (algo inherente a la vida misma, lo contrario es utopía), y otros varios, hemos visto que el cloud computing, en suma, tiene una serie de buenas ventajas claras: Acceso a la información y los servicios desde cualquier lugar, servicios gratuitos y de pago según las necesidades del usuario, empresas con facilidad de escalabilidad, capacidad de procesamiento y almacenamiento sin instalar máquinas localmente, ahorrando muchos costes a las empresas, sobre todo a las pequeñas. Todo ello, en principio, debería redundar en músculo para una Sociedad de la Información con menos brecha digital a nivel de Administración, empresas y ciudadanía. Pero aún existen barreras heredadas del periodo pre-web semántica o Web 3.0 que vivimos. Uno de ellos es la portabilidad de datos.

Piensa que estás alquilando una casa y que quieres mudarte para cambiarte a un lugar más conveniente, pero el propietario te dice que no puedes llevarte tus muebles, ni tu ropa ni tus fotos familiares. ¿A quién le gustaría eso? Pues eso es lo que aún hoy ocurre con múltiples servicios de la web, como por ejemplo, muchas de las redes sociales de las que formamos parte. Según algunos expertos, para que la web semántica y el cloud computing tengan verdadero éxito -al menos en la vertiente social-, es necesario que se abra la portabilidad de esos datos: que no tengas que tener un usuario y una contraseña para cada servicio hospedado en la nube. A Son Goku no le gustaría tener que recordar infinitos nombres de usuarios y contraseñas, y repetir siempre estos datos en varios sitios es un pre-problema de seguridad grave. Y se ve que el Duende Tortuga, o sea, Google, está de acuerdo con esto. Tanto que hace ya un tiempo ¿fundaron¿ el Frente de Liberación de Datos. Y hasta su logo hace honor a este nombre tan... ¿combativo?.

El Data Liberation Front es un interesante movimiento de Google, que renuncia al lock-in del usuario por la vía de permitirle exportar todos los datos que tenga en sus servicios. Como explica Antonio Ortiz en Error500, "uno de los problemas más recurrente del cloud computing es la ausencia de estándares que permitan cambiar de proveedor. Ahí, la clave, al menos cuando hablamos de usuario doméstico, no es sólo que haya un mecanismo para "traerte tus datos" (la mayoría de las veces vía API es posible), sino que sea fácil y en un formato que el servicio de la competencia (...) entienda". Lo que pretende Google con este movimiento es animar a otros servicios web a que adopten esta filosofía aperturista, que, sin duda, beneficiaría enormemente el vuelo de la nube mágica.

En fin, las siete bolas del dragón que Son Goku tenía que reunir en su historia para invocar al dragón sagrado están más dispersas que nunca, y nadie nos garantiza que acceder a toda la información nos haga mejores ni más felices, quizá esta nos mate por aplastamiento (ante la ingente cantidad que aumenta exponencialmente al segundo). ¿Hará el cloud computing más relevante la información en función de nosotros mismos? Es posible. ¿Nos ayudará a caminar sin la -a veces- tediosa tiranía del disco duro y el sistema operativo, más ágiles y fuertes para dedicarnos sólo a lo nuestro? Esto es seguro. Que venga ya la nube mágica y viajemos.

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